CONFERENCIA
DE CLAUSURA

LUIS DÍAZ VIANA

     Consejo superior de Investigaciones Científicas (CSIC)-Universidad de Valladolid (UVa)

Viernes, 4 de septiembre de 2026

Aula Romeros

13:30 a 15:00

Doctor en Filología y antropólogo, Profesor `ad honorem´ del Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), además de director honorífico de la Cátedra de Patrimonio Cultural Inmaterial del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid. Ha sido Profesor Titular de Antropología Social de la Universidad de Salamanca, Investigador Asociado del Departamento de Antropología de la Universidad de California en Berkeley y profesor visitante en diversas universidades norteamericanas como Los Angeles (California), Austin (Texas) o mejicanas, como la UNAM. Presidente de la Asociación de Antropología de Castilla y León, es miembro de varios comités de revistas de su especialidad, como Disparidades, habiéndolo sido de la Fulbright Comission y del Standing Committee for Humanities de la European Science Foundation.
 Editor de importantes colecciones de cuentos, romances y leyendas populares de España, ha publicado más de cien obras individuales o colectivas, buena parte de ellas dedicadas a la realidad antropológica castellana y leonesa; y, en coordinación con Dámaso J. Vicente, El patrimonio Cultural Inmaterial de Castilla y León (2016). Ha sido reconocido con diversas distinciones, como el Premio Castilla y León en Ciencias Sociales y Humanidades, el Premio Nacional de Investigación Cultural «Marqués del Lozoya» del Ministerio de Cultura al mejor artículo y el Premio de Novela «Ciudad de Salamanca», por Los últimos paganos. Desde hace décadas, viene ocupándose en trabajos pioneros de los nuevos relatos del mundo contemporáneo, así con Los guardianes de la tradición y otras imposturas acerca de la cultura popular (2019) o El regreso de los lobos. La respuesta de las culturas populares a la era de la globalización (2003), Narración y memoria: anotaciones para una antropología de la catástrofe (2008) y Miedos de hoy. Leyendas urbanas y otras pesadillas de la sobremodernidad (2017). 
Resistencias desde la otredad: patrimonio inmaterial y derechos de propiedad colectivos 
En esta conferencia, se planteará la relevante conexión entre tres categorías de construcción de la otredad: indígenas, campesinos e inmigrantes. Se analizará, también, la repercusión de las mismas en el tratamiento de los integrantes de esos grupos y de sus culturas por parte de las instituciones nacionales e internacionales, así como en sus legislaciones respectivas. Lo que, según puede suponerse, afecta muy directamente a los conceptos, términos y enfoques que afectan a la idea de lo que viene considerándose Patrimonio Cultural inmaterial y a su gestión, desde que la UNESCO -en 2003- fijara la declaración de salvaguarda del mismo. Porque estas categorías apuntan o señalan a unos grupos y poblaciones a los que se coloca a priori en una situación de desventaja que podría resumirse así: serían gentes sin Historia, Nombres, ni Derechos. Tratándose, sin embargo, de una «invención» que remite históricamente a diversas denominaciones previas, como son las de bárbaros, paganos y salvajes.
El nombre de «paganos» procede de la denominación que -en el Mundo Antiguo- recibían quienes, en el campo, o más concretamente montañas y bosques, adoraban y rendían homenaje a sus dioses. Y será por esto, que cuando los europeos lleguen al Nuevo Mundo, predicadores y cronistas tenderán a equiparar a los antiguos idólatras con los nuevos. La «invención etnográfica» posterior estaba servida. ¿Por qué indígenas y campesinos no eran vistos como «nosotros» y deberían ser reeducados hasta que se nos parecieran lo más posible? Por una serie de motivos que los convierte en hipotéticos «salvajes de acá y de allá»:  viven habitualmente en el campo, lejos del «mundo civilizado», que es el «nuestro»; son por ello, por su cercanía a la naturaleza y a lo «salvaje», sospechosos de mantenerse al margen de la religión y las leyes propias de la «gente civilizada»; viven de la agricultura y del pastoreo, como hacían nuestros ancestros; suelen conservar creencias, prácticas y rituales de otros tiempos; se empecinan -a veces- en seguir viviendo de esa manera sin sumarse a un supuesto y único progreso tecnológico e industrial. Por lo que, si no hay manera de «recuperarlos» para el progreso de la «sociedad actual», resultarían, desde la perspectiva de distintos poderes, innecesarios y prescindibles.
No obstante, la visión occidental de los «salvajes de allí» no siempre -y en todo- fue tan insoportablemente etnocéntrica. Como han explicado Graeber y Wengrow, hubo europeos, principalmente pertenecientes a ciertas órdenes religiosas, que descubrieron en pueblos del Nuevo Mundo la persistencia de costumbres y organizaciones sociales consideradas por ellos como deseables: una suerte de utopías hechas realidad que podían perfeccionarse sin tener que recurrir a transformar a los pertenecientes a aquellas sociedades en unos europeos más. Y es que tales sacerdotes y frailes habrían descubierto y descrito determinados pueblos que, sin ser absolutamente ideales en sus comportamientos, se basaban en la organización de comunidades más igualitarias y respetuosas con los otros miembros de éstas que las sociedades europeas. E influyeron -decisivamente-, con sus obras, en que los pensadores occidentales del llamado Siglo de las Luces abrazaran, entre otros objetivos, la «igualdad» como meta, lo que hasta entonces no había sido un principio que rigiera las sociedades europeas, construidas sobre una estructura u orden claro de señores y de siervos.
Por todo ello, presentamos esta propuesta para reflexionar y debatir en torno a la idea de patrimonio cultural, teniendo como fondo y base la reconceptualización y defensa de los Derechos Humanos, desde una perspectiva antropológica, histórica y jurídica. Porque también es una realidad que, aun habiendo sido la «invención etnográfica», arriba señalada, una estrategia para ocupar territorios, dominar pueblos y reconvertir a «los otros» en lo más parecido a «nosotros» o negarles la humanidad, no resulta menos verdad que campesinos, indígenas e inmigrantes pueden llegar a ser, hoy, «los mismos»; y, en cuanto «otros» a los que se construye como tales, verse estigmatizados o desposeídos de sus culturas y los derechos inherentes a su condición humana. De ahí que dependa de la aplicación y del uso dado a un constructo como el de Patrimonio Cultural Inmaterial que éste funcione a modo de una expropiación más del saber de «otros» o como verdadero reconocimiento de sus culturas y vehículo de resistencia.
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